Primer plano de unas zapatillas frenando en seco sobre una pista de pickleball

Por qué te duelen los pies jugando al pickleball (y qué puedes hacer)

Si acabas el partido y lo primero que haces al llegar a casa es quitarte las zapatillas, no eres el único. El dolor de pies es de lo que más se habla en los grupos de pickleball, y casi siempre por el mismo motivo: estamos jugando con material pensado para otro deporte.

El pickleball no es correr

Una zapatilla de running está diseñada para un gesto muy concreto: el pie aterriza por el talón, rueda hacia delante y despega por la punta. Siempre en línea recta y siempre en la misma dirección. Todo en ella (la suela, la amortiguación, la plantilla) está pensado para ese recorrido.

Ahora piensa en lo que haces tú en pista. La cancha mide 13,41 por 6,10 metros. En ese espacio no corres: das dos pasos y frenas, abres de lado hacia la banda, pivotas sobre la punta del pie para volver al centro y bajas a por una dejada. Un partido de dobles de hora y media son cientos de arranques cortos y frenadas en seco, y prácticamente ninguna zancada larga.

Dónde acaba toda esa carga

El impacto de frenar entra por el talón. El de pivotar, por la zona metatarsal. Y el trabajo de sostener el pie mientras te desplazas de lado lo hace el arco plantar, que en un gesto lateral no está tan bien sujeto como cuando corres de frente.

Por eso el dolor de pies del pickleball tiene tres puntos típicos:

  • El talón, sobre todo en los primeros pasos del día siguiente.
  • El arco, con esa sensación de fatiga que aparece al tercer set.
  • La zona delantera, si pasas mucho tiempo en posición de espera sobre la punta del pie.

El eslabón más barato de tu equipo

Aquí va lo que casi nadie mira. Puedes gastarte 120 € en unas zapatillas buenas y llevar dentro una lámina de espuma que al fabricante le cuesta menos de tres euros. La plantilla de serie de casi cualquier zapatilla es un relleno: da forma a la horma y poco más.

Y es la pieza que está en contacto directo con tu pie durante todo el partido.

Qué puedes cambiar

1. La plantilla. Es el cambio más barato y el que antes se nota. Buscas dos cosas: amortiguación en el talón, que es donde cae el peso al frenar, y algo de soporte en el arco. Nuestras plantillas STRIDE llevan una cámara de aire justo en el talón por ese motivo.

2. Sacar la plantilla original. Esto se olvida mucho. Una plantilla nueva va en lugar de la de fábrica, no encima. Si la superpones, el pie sube, la zapatilla queda apretada y acabas peor que como empezaste.

3. Calcetín técnico, no de algodón. El algodón retiene la humedad, y la humedad es lo que provoca las rozaduras. Un calcetín técnico fino cambia bastante la historia en partidos largos.

4. Revisar el desgaste. Una plantilla se asienta con el uso. Si juegas dos o tres veces por semana, mírala cada temporada: si la zona del talón está aplastada y no recupera la forma, ya no está haciendo su trabajo.

Cuándo esto no basta

Vamos a ser claros: si tienes un dolor que no se va, que te despierta por la noche o que un profesional ya te ha diagnosticado, una plantilla de catálogo no es la respuesta. Ve a un podólogo. Unas plantillas hechas a medida para tu pie siempre van a ser mejores que unas de talla estándar, y hay problemas que necesitan tratamiento, no material.

Lo que sí puede hacer una buena plantilla deportiva es repartir mejor el impacto durante el partido. Ni más ni menos.

Para seguir

Si el problema está en la zapatilla y no solo en la plantilla, te interesa qué zapatillas necesitas para jugar al pickleball: ahí explicamos por qué las de running se vuelcan en los apoyos laterales y qué mirar en la suela.

Y si vienes del pádel y te sorprende notar los pies distinto, esta comparación entre pickleball y pádel explica por qué tu cuerpo trabaja de otra manera aunque los dos deportes se parezcan.

Por qué el pie es el eslabón que primero avisa

En pickleball no corres: frenas. Dos pasos hacia la bola, parón seco, y vuelta a la posición. Ese frenazo entra por el talón y por la parte delantera del pie cientos de veces por partido.

Y como no acabas sin aire, no lo percibes como carga. Terminas pensando que has jugado suave, y al día siguiente notas la planta.

Qué hacer el día después

  • Rueda una pelota bajo el arco, un minuto por pie, sin apretar hasta que duela.
  • Estira gemelo y sóleo contra la pared, 30 segundos cada pierna. El gemelo tenso tira de la fascia.
  • Camina descalzo por casa un rato, si el suelo no es de piedra fría.
  • Descansa un día antes de volver a pista si has jugado más de lo habitual.

Lo que sí puedes cambiar del material

Por orden de impacto real:

  1. La plantilla. La de serie de casi cualquier zapatilla es una lámina de espuma de tres euros, y es lo único que está en contacto con tu pie todo el partido.
  2. La zapatilla, si es de running. Es alta y blanda porque está pensada para avanzar recto; en un apoyo lateral se vuelca.
  3. El calcetín. Uno técnico que no arrugue evita rozaduras y ampollas, que es otra manera de acabar cojeando.

Cuándo esto deja de ser material y pasa a ser el fisio

Hay tres señales que no se arreglan comprando nada:

  • Dolor en el talón al dar los primeros pasos por la mañana.
  • Dolor que aparece en reposo, sin haber jugado.
  • Molestia en un punto concreto que lleva más de dos o tres semanas sin mejorar.

En esos casos, a quien tienes que preguntar es a un fisioterapeuta o a un podólogo, no a una tienda. Te lo decimos aunque no nos convenga.

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